A nadie tiene por qué importarle, pero a mí vieja le encantaba Jijiji de Los Redondos. Me pedía que le pusiera el disco o el CD para escucharla. Bastante seguido. Murió en 2007, con 76 años. Generacionalmente no estaba ni cerca de ser ricotera. Si tuviera que decir que música le gustaba, escuchaba mucho chamamé, disfrutaba la jota aragonesa, algo de tango, algo de bolero… Claro, Jijiji tenía un aire español (gracias a Skay, digámoslo) que le llamaba la atención seguramente. Pero sospecho que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota supieron pulsar la cuerda popular para pasar a ser de todos. También de mi vieja y de la vieja, el viejo, el hijo y la sobrina de muchos.
La muerte de Indio Solari es un nuevo mojón de fin de época. Como cuando fallecieron el Flaco, Gustavo, la Negra o –en otro ámbito, pero no tanto- el mismo Diego. El siglo veinte va terminando con cada una de esas partidas. Los siglos tienen el hábito de terminar, claro. La burocracia y las convenciones dicen que terminan un treinta y uno de diciembre de un año terminado en noventa y nueve pero sabemos que van languideciendo con la muerte de quienes lo forjaron, aunque esas muertes sucedan mucho después de aquel día.
Indio legó, además, la puesta en valor del concepto de Misa. Es natural asociarla con lo religioso, pero una misa –y mucho más una pagana como lo son las ricoteras- es un hecho colectivo. Es juntarse, fundirse, hacerse pueblo. No se me ocurre mejor remedio para los tiempos que corren que volver a misa. A la misa que nos toque. Ahí tenemos que estar si queremos salir de la pesadilla individualista a la que nos llevan.
Por eso, por todo eso, le gustaba Jijiji a mi vieja en la medida que mi vieja y la vieja de tantos y tantas son antena que canaliza lo popular. Por eso, por todo eso, Jijiji es el pogo –esa ceremonia de amorosa aspereza que tanto nos representa- más grande del mundo. Aunque no lo pensáramos de ese modo, todo eso corre por nuestra sangre. La música y el fenómeno ricotero son patrimonio del pueblo argentino. El Indio es, también, la argentinidad.





