Ayer domingo 7 de junio desde las 12, bajo la consigna «Memoria, Verdad y Justicia en San Francisco Solano», se conmemoraron los 38 años del asesinato de Agustín Ramírez. El lugar que ofició de escenario fue la Parroquia Las Lágrimas. La jornada cultural contó con radio abierta, olla popular y artistas invitados.
La disputa por la tierra en el conurbano sur de la provincia de Buenos Aires están sujetos a la historia de militancia, y en San Francisco Solano existió un nombre, Agustín Ramírez. Un lugar para vivir, un espacio para pensar y una idea para accionar. Este joven militante de las Comunidades Eclesiales brindó batallas históricas para los barrios de Solano, Quilmes y Almirante Brown. La historia de Agustín comenzó a principios de la década del 80´, y su voz se silenció bajo una bala policial el 5 de junio de 1988.
A los 13 años Agustín ya era parte de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) de Solano en la parroquia del Padre Raúl Berardo. En ese momento comienza a participar de las reuniones de organización de la tarea y a fortalecer el interés que siempre tuvo por la ayuda hacia los que menos tienen. «Raúl es un santo hizo mucho por mi familia”, asevera la madre de Agustín.
“Uno con militancia sentía que el mundo era nuestro, había mucho entusiasmo y mucha convicción, éramos como una topadora”
JORGE CHAMBI. AMIGO Y COMPAÑERO DE AGUSTÍN RAMÍREZ
Fue en 1981 el obispo de la diócesis de Quilmes, Jorge Novak, había calificado la situación social de San Francisco Solano como «Una ciudad sitiada por el hambre”. El padre Raúl Berardo había viajado a Brasil para difundir la situación social del hoy ya conocido Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil (MST).
El padre Berardo replicó el trabajo de la organización brasilera, pero en el conurbano bonaerense. Las familias venían siendo despojadas de sus viviendas desde la Capital Federal tras el comienzo de la construcción de las autopistas, lo que generaba que a cambio de unos pocos pesos les hacían dejar sus hogares.
En 1981, mes de septiembre, con una dictadura cívico-militar en el poder, Berardo desde la parroquia de Itatí, al sur de la provincia de Bs As, veía la necesidad de la gente por un lugar donde vivir. En ese momento fue que San Francisco Solano sería uno de los lugares donde se dio el puntapié inicial en América latina para las hoy llamadas tomas de tierras.
Al acercarse a las dos hectáreas del actual barrio La Paz, las más de 100 familias que estaban organizadas para la construcción de sus viviendas ingresaron al predio. La forma de la toma tuvo una particularidad: dividir las catorce manzanas del barrio y los espacios para las calles. Esta organización que fue fruto del trabajo de Berardo tenía en sus filas a familias enteras de las CEB, entre ellos estaba el jóven Ramírez.
Javier Ramírez, hermano mayor de la familia, comentó «A mi hermano pocos días antes de que lo maten la policía lo paro más de una vez y le dijeron que se dejara de joder y que la cortara con lo estaba haciendo».

La madre del joven militante de base cristiana agrega que también hubo otros momentos de amenazas muy claras por parte de la Policía Bonaerense. Fueron varios los avisos que le hicieron notar a Agustín que la tarea que estaba cumpliendo no era bien vista para la política de turno, la policía y el negocio inmobiliario de la zona, más precisamente la inmobiliaria Martino. «En una de las marchas que acompañe a Agustín uno de los policías lo freno y le dijo que se dejara de joder porque lo iban hacer boleta”, contó Francisca entrecortando su relato por las emociones que le causan recordar esos difíciles momentos.
«Varias veces le ofrecieron participar en política, pero él no quería saber nada, tenía otras preocupaciones más importantes, nunca lo pudieron convencer», explica la madre de Agustín sobre la postura de su hijo. Además el jóven tenía un fuerte compromiso con los derechos humanos, y había visitado en varias ocasiones a las Madres de Plaza de Mayo.
Siendo reconocido como un militante activo y que se encontraba en la organización de los vecinos y vecinas que tomaban tierras con el objetivo de obtener un techo para vivir, las presiones de la policía se fueron intensificando. El hermano menor de Agustín, Jorge, tuvo que dejar su escuela secundaria por un tiempo, por las amenazas y persecuciones que venía padeciendo. Agustín decide el 24 de mayo de 1988, días antes de su asesinato, de radicar una denuncia en la comisaría de Rafael Calzada, tras la represión que habían sufrido los vecinos el día 9 de abril luego del intento de ocupar diez hectáreas, las cuales tenían como destino el negocio inmobiliario.

La noche del 5 de junio de 1988 marca el final de la vida de Agustín Ramírez. Camino al asentamiento, San Martín ubicado en las calles 826 y 898; es interceptado por integrantes de la Bonaerense. Su tarea esa noche era llevar unos postes de luz para la toma, pero no pudo cumplir. Su cuerpo fue encontrado sin vida y con evidentes muestras de haber sufrido torturas y vejaciones en su cuerpo. Javier Sotelo, amigo de Ramírez, estaba presente al momento de la muerte de Agustín y su camino fue el mismo, asesinado por la Bonaerense.
La causa estuvo a cargo del juzgado Nº 2 de La Plata a cargo de la jueza Rodríguez, los dos testigos que podían declarar , uno luego de ser secuestrado y torturado escapó al Paraguay, el segundo, pidieron protección que nunca llegó y apareció muerto con un disparo en la cabeza. Como puede observarse el accionar asesino e intimidatorio de la dictadura cívico-militar estaba presente, aún en su etapa final previo a la guerra de Malvinas.
Martino, dueño de la inmobiliaria, junto a la policía bonaerense como brazo ejecutor parecen los indicados, por su parte la Comisión de Familiares y Amigos de Agustín Ramírez intentan elevar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con el objetivo de reabrir la causa que ya prescribió. En noviembre de 2024 el Municipio de Quilmes fue declarado ciudadano ilustre. Su causa digna, el compromiso con los vecinos y la empatía con los más postergados, aún está vigentes; tanto como el grito de justicia.




