El último amor futbolero de mi viejo fue Messi. El tipo lo reconocía en la tele, jugando, con una cámara enfocando a decenas de metros, cuando ya le costaba reconocerme a mi… La agarraba el 10 en mitad de cancha y el viejo decía «Messi!!!».
Defendió a Leo cuando todos lo atacaban. Allá por 2007 o 2008, en la Copa América de 2011, siempre. Se agarraba tremendas motos contra los que lo criticaban. Tuvo razón, claro. Tampoco era tan difícil darse cuenta de lo que Messi era, no es que mi viejo fuera un iluminado. Más bien cuesta creer que tuviera tantos críticos…
Aprendí a gustar del fútbol, y más precisamente de la pelota, gracias a mi viejo. Me habló hasta el hartazgo de las delanteras de Independiente de Maril, de la Mata (su primer gran ídolo), Erico, Sastre y Zorrilla o de Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo (también lo amaba) y Cruz o de Bernao (otra debilidad), Mura, Luis Suárez, Rodríguez y Savoy…

Y luego compartimos al Bocha. «¿Vamos a ver al Bocha?» me decía cuando era la hora de salir para la cancha. Diego, por supuesto. El asombro en el segundo a los ingleses, también compartido. Inolvidable. Hoy no tengo herederos con quienes compartir la pasión. A Sofi le interesa el fútbol lo que a mi la física nuclear: nada… Hay un punto de nostalgia ahí…
«¿Vamos a ver al Bocha?» me decía cuando era la hora de salir para la cancha. Diego, por supuesto. El asombro en el segundo a los ingleses, también compartido. Inolvidable. Hoy no tengo herederos»
DIEGO JOY.
La Copa América del 21, la primera ganada por este ciclo brillante, terminó una semana después de la muerte de mi viejo. Ese día la emoción me sobrepasó. Luego, con los otros triunfos, lo llevé más tranqui.

Hoy, quizás por ser con Inglaterra que me lleva directamente a mis 15 años y aquel partido de México, estoy con la emoción bastante desatada… No son nervios. Hace muchos años que no me pone nervioso un partido de fútbol. Es otra cosa. Es la vida que pasa y todo lo que eso lastima. Ojalá mi viejo hubiera podido ver a Messi campeón de todo…





