-HEBER SIREROL- POLITÓLOGO
La Rioja y el regreso de los BOCADE
Antes de comenzar quiero aclarar que es la segunda edición de lanzamientos de Chachos, la del 2024 fue realizada con importante respaldo y sin quejas. En la Argentina de los años 2000 fueron los Lecop, los Patacones, los Quebrachos, los Huarpes y tantos otros bonos que terminaron formando parte de la vida cotidiana. Eran tiempos de crisis, de falta de liquidez y de Estados que necesitaban seguir pagando salarios y sosteniendo el movimiento de la economía.
Veinticinco años después, La Rioja vuelve a poner en circulación los Chachos. Esto luego de haber pagado aguinaldo, aumento salarial en el marco de crisis microeconómica de fuerte baja de consumo. ¿Poco? Quizás, pero otro dato es que La Rioja pidió $85.000 millones de adelanto a Nación, pero nunca recibió esos fondos. Mientras otras provincias accedieron al auxilio financiero, el pedido riojano quedó sin respuesta.
Y quizás la mejor manera de entenderlos no sea preguntarse primero si son una moneda, un bono, una cuasimoneda o papelitos de colores. La pregunta más sencilla es otra: ¿Qué hace una provincia cuando necesita que el dinero siga circulando?
«La pregunta más sencilla es otra: ¿Qué hace una provincia cuando necesita que el dinero siga circulando?».
¿Qué es un Chacho y cómo funciona en la economía local?
El Chacho es, técnicamente, un Bono de Cancelación de Deuda (BOCADE) emitido por la Provincia de La Rioja. No reemplaza al peso ni pretende convertirse en una moneda nacional. Es un instrumento provincial que permite que una parte de los ingresos llegue a los trabajadores y después vuelva a circular en comercios, servicios y dentro de la propia economía riojana.
Los Chachos pueden utilizarse en comercios adheridos y también para determinados pagos provinciales, como impuestos y servicios. La propia Provincia los define como una herramienta destinada a sostener el poder adquisitivo, incentivar el consumo y reactivar la economía local. Dicho más simple: el Estado pone un instrumento de compra en el bolsillo de la gente para que esa plata vuelva a las calles.
Inyección de consumo: una mirada keynesiana Y ahí aparece la idea económica que está detrás: la economía también se mueve cuando la gente consume. Cuando una persona cobra y compra en un comercio, ese dinero no desaparece. El comerciante paga a un proveedor; el proveedor paga a un trabajador; ese trabajador vuelve a comprar y el comercio vuelve a vender. Es una rueda.

Cuando esa rueda se frena, aparecen los problemas que hoy vemos en buena parte del país: menos ventas, menos producción, menos actividad y, finalmente, menos empleo. Por eso los Chachos pueden leerse desde una mirada económica muy concreta: intentar sostener la demanda cuando el consumo está cayendo. Es, en buena medida, una lógica keynesiana.
«No reemplaza al peso ni pretende convertirse en una moneda nacional. Es un instrumento provincial que permite que una parte de los ingresos llegue a los trabajadores y después vuelva a circular en comercios, servicios y dentro de la propia economía riojana«.
John Maynard Keynes planteaba que, cuando la economía entra en una etapa de fuerte debilidad, el Estado puede intervenir para sostener la demanda y evitar que la caída del consumo termine profundizando la recesión. La Rioja está haciendo algo mucho más pequeño y mucho más local, pero la lógica es parecida: si la gente tiene capacidad de comprar, el comercio vende; si el comercio vende, la economía se mueve.
Escala real de la emisión y su alcance social
Acá aparece un dato que muchas veces se pierde en la discusión política: la emisión que acaba de ponerse en circulación es de aproximadamente $4.000 millones. Son unos 80.000 beneficiarios que reciben 50.000 Chachos cada uno. Pero la Provincia tiene autorizada por su Presupuesto 2026 una emisión de Bonos de Cancelación de Deudas de hasta $85.000 millones. Es decir, los $4.000 millones que hoy circulan representan menos del 5% del máximo autorizado.
Esto también cambia la discusión. No estamos hablando de que La Rioja haya puesto en circulación los $85.000 millones autorizados. Estamos hablando de una primera etapa, mucho más acotada, que busca generar una inyección de consumo en la economía provincial.
¿Y por qué aparece ahora? Porque la economía está atravesando un momento en el que el consumo se convirtió nuevamente en uno de los grandes problemas. Cuando las familias tienen menos capacidad de compra, los comercios venden menos; cuando venden menos, producen menos; y cuando producen menos, empiezan a aparecer suspensiones, despidos y cierre de actividades. Luego, el crecimiento de la informalidad, la pobreza, los conflictos intrafamiliares y sociales, etc.
«Dicho más simple: el Estado pone un instrumento de compra en el bolsillo de la gente para que esa plata vuelva a las calles».
En ese contexto, cualquier herramienta que permita sostener el poder adquisitivo adquiere una dimensión social, tanto para los que apoyan esta medida como para sus detractores. Los Chachos no son solamente una discusión entre economistas. Son el supermercado, es el kiosco, es el comercio de barrio. Es el trabajador que recibe un ingreso y vuelve a gastar en la provincia. Y es, sobre todo, evitar que una economía local quede atrapada en una espiral de menor consumo y menor actividad.
La dimensión política y el temor al «efecto contagio»
Acá aparece la dimensión política. El presidente Javier Milei salió públicamente a cuestionar el regreso de los Chachos y también criticó la posibilidad de que otras provincias adopten mecanismos similares. La explicación oficial es conocida: para el Gobierno nacional, las cuasimonedas son una forma de aumentar el gasto y una amenaza para su estrategia monetaria.
Pero hay otra lectura posible. Quizás el problema para Milei no sean solamente los Chachos de La Rioja. Quizás el verdadero problema sea lo que los Chachos pueden representar. Porque si una provincia puede utilizar un bono para sostener ingresos, consumo y actividad, al igual que el gobierno nacional, otras provincias podrían empezar a preguntarse si también tienen esa herramienta disponible.

Y ahí aparece el verdadero temor: el efecto contagio. No necesariamente porque todas quieran crear una nueva moneda, sino porque, frente a una economía estancada, con caída del consumo y dificultades para sostener ingresos, los gobernadores pueden empezar a mirar herramientas que ya fueron utilizadas en la Argentina. No sería la primera vez.
Durante la crisis de 2001 y 2002, la falta de liquidez llevó al Estado nacional y a numerosas provincias a emitir bonos que terminaron funcionando como dinero dentro de la economía. Los Lecop circularon a nivel nacional y provincias como Buenos Aires utilizaron los Patacones, mientras otras jurisdicciones emitieron sus propios instrumentos. En muchos casos fueron utilizados para pagar salarios y realizar compras, pagar impuestos y sostener el circuito económico
Un debate que trasciende las fronteras riojanas
Aquello ocurrió en un contexto muchísimo más dramático que el actual, donde la Argentina estaba atravesando una crisis bancaria, fiscal, monetaria y social extraordinaria. Por eso no hay que confundir los momentos.
Sin embargo, estos instrumentos vuelven a poner sobre la mesa una discusión que la Argentina parecía haber dejado atrás: qué pueden hacer las provincias cuando necesitan sostener el consumo y el Estado nacional no les ofrece las herramientas financieras que consideran necesarias.
«Los Chachos no son solamente una discusión entre economistas. Son el supermercado. Es el kiosco. Es el comercio de barrio».
La Rioja eligió un camino. Puso en circulación $4.000 millones, de los $85.000 millones que tiene autorizados, y los dirigió directamente hacia los bolsillos de los trabajadores para que vuelvan rápidamente al circuito comercial. Puede gustar o no, puede ser discutido políticamente, pero hay algo que no se puede negar: cuando una familia tiene capacidad de consumir, un comercio tiene una posibilidad más de vender; y cuando un comercio vende, hay una posibilidad más de que un trabajador conserve su empleo.
Los Chachos no son todo, pero cómo ayudan. En tiempos en los que la principal preocupación vuelve a ser cómo recuperar el consumo y evitar que el estancamiento se transforme en una crisis más profunda, los Chachos cuentan una historia bastante sencilla: intentar poner dinero en el bolsillo de la gente, usando nuevamente una herramienta que Argentina ya conoce (BOCADE).
Quizás por eso la discusión dejó de ser solamente riojana. Porque si los Chachos funcionan como herramienta para sostener el consumo, la pregunta que queda flotando es mucho más grande: ¿Y si La Rioja no fuera la excepción, sino el comienzo?
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