LA PARADOJA DE 2027: ¿Y SI LA VERDADERA DISRUPCIÓN ES LA NORMALIDAD?

por | Sep 11, 2026

-HEBER SIREROI- POLITÓLOGO.

La frase es de un amigo catamarqueño, Hugo, lo escuché decirla y me quede pensando en esto: ¿que es normal?.Hay una paradoja que quizás todavía no estamos mirando con suficiente atención.

Javier Milei llegó a la política prometiendo romperlo todo.

La casta.
Las formas.
Los códigos.
El lenguaje.
Los consensos.
La corrección política.

Llegó con una motosierra en la mano y una certeza: había que destruir la vieja política para construir algo nuevo.

Y funcionó.

Funcionó porque había una sociedad enojada. Una sociedad cansada de escuchar explicaciones. De esperar soluciones. De ver dirigentes que hablaban de futuro mientras administraban el pasado. Milei entendió ese humor social antes que muchos y convirtió la disrupción en una herramienta política.

El problema es que la disrupción tiene fecha de vencimiento cuando se repite todos los días, deja de ser disruptivo. El insulto que escandalizaba, después entretiene hasta que aburre. Ese puede ser uno de los grandes interrogantes de la elección de 2027.

¿Qué pasa cuando la sociedad ya se acostumbró a lo extraordinario?

Quizás ocurra algo inesperado.

Quizás la próxima disrupción sea la normalidad.

-Javier Milei, cantando con Fátima Flores. parte de la farandulización actual y de la distopía mileísta.

Vamos a llamar «normal», a un político que hable bien, que no grite, que pueda terminar una frase sin insultar a alguien, que sepa explicar una idea, que tenga un programa, un equipo, que conozca el Estado y la función publica, que pueda decir cuánto cuesta lo que promete, que pueda reconocer que se equivocó, que pueda sentarse con alguien que piensa distinto sin sentir que está traicionando sus principios. Milei puede hacerlo?Parece poco y básico eso en la Argentina de hoy, pero puede ser revolucionario.

Porque hay algo que no deberíamos confundir, una cosa es romper con las viejas formas de hacer política y otra muy distinta es romper con las formas de convivencia democrática. Una cosa es cuestionar al poder y otra es convertir al que piensa diferente en enemigo, criticar al periodismo hasta convertir al periodista en blanco permanente.nUna cosa es combatir los privilegios otra despreciar las instituciones.

La primera puede ser necesaria, pero la segunda tiene consecuencias, y ahí aparece una de las grandes transformaciones del fenómeno Milei.

La provocación dejó de ser un recurso, se convirtió en método y la pelea dejó de ser excepcional y se convirtió en rutina, y la rutina tiene un problema ya no sorprende,

«Vamos a llamar «normal», a un político que hable bien, que no grite, que pueda terminar una frase sin insultar a alguien, que sepa explicar una idea, que tenga un programa, un equipo, que conozca el Estado y la función pública»

HELDER SIREROL. POLITÓLOGO.

FOPEA relevó más de 113.000 publicaciones realizadas por Milei en X entre diciembre de 2023 y septiembre de 2025. Encontró más de 16.800 publicaciones con insultos u ofensas. Una cifra enorme.

Pero quizás más importante que el número sea lo que representa; la forma también es política.

Porque un presidente no solamente gobierna con decretos, leyes y presupuesto, también gobierna con palabras y cuando desde el poder político se instala permanentemente la idea de que el periodista es enemigo, el adversario es enemigo, el que protesta es enemigo y el que cuestiona es parte de una conspiración, algo se empieza a romper. No necesariamente el Gobierno.

Se empieza a romper otra cosa: la convivencia y acá aparece, creo, una de las preguntas más interesantes para quienes ya están pensando en 2027.¿Y si el próximo candidato disruptivo no fuera el más loco?.¿Y si fuera el más normal? No digo mediocre, no digo tibio, no digo aburrido. Digo normal.

Un tipo que pueda pararse frente a una cámara y hablar de economía, seguridad. educación, salud, producción, trabajo, infraestructura, además pueda explicar como hacerlo, qué va a costar, de donde va a salir la plata, tambien qué puede hacer el primer año, y para que necesitaría 4 años, que cosas directamente no puedo prometer.

Eso también es una revolución, porque durante demasiado tiempo la política argentina creyó que gobernar era prometer; después aprendimos que gobernar también es ajustar, pero ahora quizás tengamos que aprender algo más difícil: gobernar es elegir, elegir implica explicar, explicar implica escuchar y escuchar implica aceptar que el otro puede tener razón en algo. Qué concepto extraño.

En tiempos de algoritmos, grietas y redes sociales, quizás el próximo líder no sea el que consiga más viralidad, sino el que consiga algo bastante más difícil: construir una mayoría. Ganar una elección con el 30, el 35 o el 40 por ciento puede ser suficiente para llegar al poder, pero no alcanza para transformar un país. Para eso hay que convencer a los que no te votaron y sentarse con empresarios, trabajadores, gobernadores e intendentes, sindicatos, universidades, el campo y la industria; en definitiva, con propios y ajenos. Eso se llama consenso, y no es una mala palabra: es gobernabilidad.

«Cuando desde el poder político se instala permanentemente la idea de que el periodista es enemigo, el adversario es enemigo, el que protesta es enemigo y el que cuestiona es parte de una conspiración, algo se empieza a romper»

HEBER SIREROI. LA RIOJA. POLITÓLOGO.

Por eso creo que hay otra cuestión que puede empezar a cambiar hacia 2027: la política puede volver a descubrir la educación, no como política pública, sino como comportamiento. Ser educado, tratar bien, escuchar, no humillar, no insultar y no burlarse del que está enfrente parece una obviedad, pero quizás no lo sea, especialmente cuando hablamos de quienes tienen menos capacidad de defenderse, como los chicos y los jubilados.

Hay algo profundamente equivocado cuando la niñez se convierte en munición de una batalla política, y algo todavía más preocupante cuando un jubilado que reclama por sus ingresos termina siendo tratado como un enemigo. Un jubilado no es una planilla de Excel: es alguien que trabajó, aportó y construyó durante décadas, y merece llegar a la vejez con dignidad. Se puede discutir el déficit, el gasto o la sustentabilidad del sistema previsional, porque todo eso es política, pero lo que no debería discutirse es el respeto, ya que la autoridad no se demuestra gritando más fuerte, sino pudiendo resolver.

«En tiempos de algoritmos, grietas y redes sociales, quizás el próximo líder no sea el que consiga más viralidad, sino el que consiga algo bastante más difícil: construir una mayoría»

Heber Sireroi.

Y entonces vuelvo a la pregunta del principio: ¿es la “normalidad” la nueva disrupción?. No sé si será así, pero creo que vale la pena empezar a pensarlo, porque si todos los candidatos de 2027 salen a buscar quién puede ser más provocador, más agresivo, más extremo o más parecido a Milei, Milei ya les ganó; él inventó ese personaje y lo convirtió en identidad, y competir con el original haciendo una copia siempre es un mal negocio. Quizás haya que ofrecer algo diferente: un candidato que no necesite una motosierra, ni insultar, ni inventar enemigos todos los días; que pueda hablar sin gritar, gobernar sin pelearse con todos y construir sin pedirle permiso a nadie.

Alguien que tenga carácter pero también modales, ideas pero también un plan, convicciones pero también capacidad de escuchar, y que pueda decir “no”, “me equivoqué” o “con esto no estoy de acuerdo, pero podemos trabajar juntos”. En definitiva, un candidato normal. Milei hizo de la disrupción su forma de llegar al poder, pero una vez que la disrupción se transforma en normalidad, alguien tendrá que volver a romper el molde; y tal vez ese alguien no tenga que gritar más fuerte, ni insultar mejor, ni provocar más, sino hacer algo mucho más difícil: ser normal. Porque quizás, después de tanta motosierra, tanta pelea, tanto grito y tanta provocación, la verdadera revolución sea volver a hablar como personas y gobernar como adultos.

Eso sí que sería disruptivo.

FUENTE: Columna publicada originalmente en NOTICIASFANS.COM

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