A solo siete días de que Brasil defina su futuro político en las urnas el próximo domingo 4 de octubre, la disputa electoral entre Luiz Inácio Lula da Silva y el candidato de la derecha, Flavio Bolsonaro —hijo del expresidente y aliado clave del mandatario argentino Javier Milei—, reaviva el debate sobre dos modelos socioeconómicos antagónicos en América Latina.
A pesar de las duras críticas vertidas por la gestión argentina hacia el Palacio del Planalto, los datos oficiales del informe sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo elaborado por la FAO dejan al descubierto un marcado contraste: mientras Brasil registra una caída histórica en los niveles de pobreza e indigencia, en la Argentina la inseguridad alimentaria grave se duplicó en menos de una década.
Las políticas de Lula que sacaron a Brasil del Mapa del Hambre
Según la evaluación publicada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Brasil logró salir por segunda vez en su historia del Mapa del Hambre durante el período 2023-2025 (la primera ocasión había sido en 2014, bajo la gestión de Dilma Rousseff). La llegada de Lula al poder en 2023 marcó un punto de inflexión respecto del deterioro social heredado del gobierno de Jair Bolsonaro, etapa en la que el presupuesto destinado al combate contra el hambre sufrió un recorte del 38% y se desmantelaron las reservas públicas de alimentos esenciales como el arroz y los frijoles.
«En Brasil, la población en extrema indigencia alimentaria cayó de 21,1 millones a 1,2 millones de personas (0,6%), reduciendo la subalimentación al 2,5% tras los picos sufridos entre 2020 y 2022».
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Si bien el costo de acceder a una dieta saludable continúa siendo elevado —un brasileño necesita destinar en promedio 4,89 dólares PPA diarios, una cifra superior a la de Estados Unidos y Europa—, las políticas de asistencia social y fortalecimiento del poder adquisitivo dieron resultados inmediatos: la proporción de la población que no podía costear una alimentación adecuada descendió del 31,2% en 2021 al 21,1% en la actualidad, dejando atrás los dramáticos índices de la pandemia, donde 33 millones de personas padecían hambre severa.
El revés en la Argentina: la inseguridad alimentaria se duplicó
En la vereda opuesta, la trayectoria de la Argentina muestra un deterioro sostenido que imita la dinámica sufrida por Brasil durante la gestión bolsonarista. El mismo informe de las Naciones Unidas revela que la inseguridad alimentaria grave en el país pasó del 5,8% (2,5 millones de personas) en 2016 al 11% (5 millones) en 2025.
Al evaluar el indicador de forma integral (sumando los casos moderados y graves), la cifra asciende al 31,7% de la población, lo que implica que cerca de 14,5 millones de argentinos enfrentan diariamente incertidumbre sobre su acceso a los alimentos diarios.
«Lula se hizo cargo de impulsar nuevas políticas de combate al hambre. Entre ellas se destaca el Plan Brasil Sin Hambre, creado con el objetivo de sacar nuevamente al país del Mapa del Hambre antes de 2030»
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Ajuste económico e impacto en los hogares vulnerables
A pesar de que desde el Poder Ejecutivo argentino se destaca la estabilización macroeconómica fruto de las medidas de ajuste, los relevamientos territoriales e internacionales demuestran que el saneamiento financiero aún no derrama en las mesas familiares.
Mediciones locales refuerzan los diagnósticos de la FAO: el informe de julio del Centro de Almaceneros de Córdoba advirtió que en el 27,8% de los hogares con niños se redujo la cantidad de comida por falta de dinero, mientras que en el 38,3% de los casos los adultos debieron privarse de alimentarse para priorizar a las infancias. Con un 57,1% de las familias cordobesas sin lograr cubrir la Canasta Básica Alimentaria y un endeudamiento creciente para comprar comida, el espejo de las elecciones brasileñas vuelve a poner sobre la mesa la efectividad de las políticas públicas orientadas al consumo y la contención social.





