En una nueva muestra de provación ideológica y revisionismo histórico de derechas , Javier Milei participó este jueves en Santiago de Chile del encuentro regional de la ultraderecha (Foro Madrid), donde defendió explícitamente el Golpe de Estado de 1973 encabezado por Augusto Pinochet contra el presidente constitucional Salvador Allende.
Frente a un auditorio afín y junto a referentes del conservadurismo radicalizado como José Antonio Kast, el mandatario argentino afirmó sin tapujos que «tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento», en un intento por legitimar el sangriento régimen cívico-militar que instauró el terror en la región durante más de 17 años.
La respuesta política y ética no tardó en llegar. Maya Fernández Allende, exministra de Estado, militante socialista y nieta del expresidente mártir, lanzó una contundente declaración pública repudiando la presencia y las palabras del presidente argentino en suelo chileno.
«Las declaraciones de Javier Milei en Chile son en extremo graves. En primer lugar, porque elogia el derrocamiento de un Presidente elegido democráticamente», advirtió Fernández Allende. En su escrito, remarcó que «esa lectura normaliza la ruptura institucional y el golpe de Estado, una idea que ningún país que valore su democracia debería tolerar, y menos aún celebrar destempladamente».
La dirigente chilena enfatizó además la crueldad temporal del mensaje, pronunciado a escasos días de conmemorarse un nuevo 11 de septiembre, «fecha que recuerda el inicio de una dictadura responsable de torturas, asesinatos, desapariciones forzadas y graves violaciones a los derechos humanos».
«La Lectura de Milei, normaliza la ruptura institucional y el golpe de Estado, una idea que ningún país que valore su democracia debería tolerar, y menos aún celebrar destempladamente».
MAYAN FERNÁNDEZ ALLENDE.
Para Fernández Allende, los dichos del libertario en el foro ultraderechista «evidencian una preocupante indolencia hacia las víctimas y sus familias, una falta de respeto por la memoria democrática de Chile y, en el fondo, una profunda falta de humanidad».
El discurso de Milei —que incluyó los habituales insultos hacia la oposición, ataques a los organismos multilaterales y una encendida defensa del plan de ajuste económico— vuelve a encender las alarmas en el cono sur. La reivindicación explícita del terrorismo de Estado ya no es solo una postura para consumo interno de su base electoral, sino una doctrina geopolítica que busca coordinar a los sectores más reaccionarios del continente, pisoteando la memoria histórica y la dignidad democrática de los pueblos.





