Cuando Argentina estaba perdiendo 2 a 0 en el minuto 75 ante Egipto, el pensamiento era que, no había forma de poder revertirlo: el equipo no aparecía, el rival se parapetaba en defensa con gran inteligencia y los minutos corrían como en un reloj de arena muy fina y muy seca.
Los centros al área eran rechazados con alta eficacia, hasta que uno fue pescado y convertido el gol: el Cuti Romero, que tomo la lanza y fue a jugar de nueve, incluso, contra el deseo del entrenador. Luego vino la ultima aparición fulgurante de Lionel Messi – hasta la semifinal -, el empate, el quite de Paredes – equivalente a la tapada del Dibu a Kolo Muani en Qatar – y gol de Enzo para el delirio.
El mojón de esta historia es Enzo Fernandez, resiliente a mas no poder: del ostracismo terminado con ese cabezazo salvador ante los africanos, paso por una ausencia futbolística notable ante Suiza y apareció en todo su esplendor cuando se fue necesario: llamado a la hora de las grandes definiciones argentinas en los Mundiales, se puso el equipo al hombro cuando Paredes dijo basta en lo físico y tuvo que salir para dejarle su lugar a Nicolás Gonzalez.
Enzo remato tres veces al arco, todas desde fuera del área: la primera, apenas conquistada la ventaja pirata, fue un remate en posición de 10 que se fue metro y medio por encima del horizontal; la segunda, un remate en posición de 9, que el charlatán Pickford saco al corner; la tercera, el remate seco, fuerte, a la media altura del palo derecho del arquero del Everton que se convirtió en el empate.
A todo esto, no se entendía muy bien la entrada de Lautaro Martínez y por qué Messi estaba ausente: la razón esta en el titulo de este texto. ESTE EQUIPO, DE ALGUNA FORMA, RESUELVE LA ADVERSIDAD.
El clásico mas importante del fútbol mundial, por implicancias dentro y fuera del ámbito deportivo, había arrancado feo: parecían mas fuertes, grandotes y armados colectivamente. Cuando metieron el gol, con casi ninguna llegada argentina al arco inglés, la sensación era de que la meta británica nos iba a quedar alta y lejos. Pero no fue así.

–Jordan Peackford, el arquero del Everton vuela y no alcanza, se produce en el minuto 85 el empate argentino por Enzo Fernández.
Inmediatamente, doble remate de Julian que termino en corner; un cabezazo de Nico que Pickford atajo sobre la línea y hacia sentir que no era el día; un cabezazo de Mac Allister en el palo… Acumulación de méritos que se tradujeron en el empate de Enzo.
Y faltaba él: después de un nuevo remate del hijo del colorado en el palo – remate bajo que devolvió la base del palo izquierdo -, Lionel acudió a buscar el rebote que alcanzo a arañar Spence: Messi recogió el balón, desbordó por la derecha y de su pie derecho – que parece ser tan prodigioso como el izquierdo del rosarino – salió y centro hecho con compás y transportador a la cabeza del tipo mas bajo que fue a buscar la suerte en el área, Lautaro Martinez la mando a guardar y chau, Inglaterra.

Muchos nombres. Mucho fútbol. Argentina, en su máxima expresión mundialista. Acaso, de lograr convertir el sueño de New Jersey en realidad, la mas grande de la historia. No solo por rendimiento, funcionamiento y resultados sino porque, ademas, parece no tener solución de continuidad su relación con la gloria.
Este equipo puede jugar peor, igual o mejor que en sus tiempos de picos de rendimiento: lo único seguro es que, por muy peliagudo que venga el panorama, nunca va a cejar en su actitud y, de alguna manera, va a resolver todo para que las gargantas y los lagrimales se rompan en un alarido ganador.





