El recorrido de Xu Jiayin sintetiza las contradicciones de la China contemporánea. En 2017, como fundador y rostro visible del gigante inmobiliario Evergrande, fue coronado por la revista Forbes como el hombre más rico de Asia, ostentando una fortuna estimada en 45.300 millones de dólares. Sin embargo, en 2023 fue detenido en medio de una profusa causa por delitos financieros y corrupción. Esta semana, un tribunal de Shenzhen cerró el capítulo al condenarlo a cadena perpetua y ordenar la confiscación total de sus bienes.
El empresario fue hallado culpable de malversación de fondos, sobornos, fraude y divulgación ilícita de información. Pero más allá del impacto judicial y financiero, su condena reactivó un interrogante que el Partido Comunista de China (PCCh) ubica cada vez más en el centro de su agenda política: ¿qué relación debe existir entre riqueza, poder y reconocimiento social en un país que se define como socialista?
Guerra contra la corrupción y normas de austeridad estatal
Tanto el fallo contra el exmagnate de Evergrande como la histórica Regla de los Ocho Puntos —aprobada tras la llegada de Xi Jinping al poder en 2012— forman parte de una estrategia para consolidar una “cultura de la integridad” y combatir la corrupción institucional.
Esta orientación se profundizó con medidas concretas para promover la austeridad en todos los niveles del sector público. A través de nuevas regulaciones impulsadas por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC) y otros organismos oficiales, la administración central endureció los controles sobre el gasto y el consumo:
- Restricciones institucionales: Se redujeron banquetes, recepciones oficiales, viajes al exterior y gastos de representación, al tiempo que se fijaron límites para la construcción y ampliación de edificios públicos.
- Topes en el sector financiero: El Comité Central de Inspección Disciplinaria (CCDI) aplicó topes salariales y límites estrictos a los bonos ejecutivos en bancos estatales y fondos de inversión, con el objetivo explícito de erradicar los “estilos de vida hedonistas” de la élite bursátil.

Del “xuānfù” al “lujo silencioso”: un cambio de hábitos en la sociedad
La campaña contra el despilfarro comenzó a modificar también las conductas cotidianas de los ciudadanos. En la gastronomía, es cada vez más frecuente que los restaurantes reduzcan el tamaño de las porciones para evitar desperdicios y que los clientes se lleven las sobras a sus casas sin que eso suponga un estigma social. Al mismo tiempo, los multitudinarios banquetes de bodas y funerales van cediendo terreno ante celebraciones más moderadas.
Paralelamente, la exhibición explícita de bienes materiales en plataformas digitales comenzó a replegarse ante la emergencia del denominado “lujo silencioso”, una tendencia que sustituye las marcas ostentosas por prendas de alta gama sin logotipos visibles.
En el centro conceptual de esta política se encuentra el término xuānfù, que alude a la exhibición deliberada de la riqueza como atributo de prestigio social. Para la doctrina oficial de Beijing, transformar un bien privado en un instrumento de ostentación contraviene los valores tradicionales y entra en el radar de los comportamientos a corregir.
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│ CONCEPTOS CLAVE DE LA CAMPAÑA │
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│ • Xuānfù (炫富): Exhibición deliberada de la riqueza. │
│ • Gōngtóng fùyù (共同富裕): Prosperidad común. │
│ • "Lujo silencioso": Consumo de alta gama sin logos. │
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Por otro lado, la noción de gōngtóng fùyù (prosperidad común) articula el mandato moral de la tradición confuciana sobre las élites con la crítica marxista a la concentración de capital. En sus intervenciones doctrinales, Xi Jinping ha instado reiteradamente a combatir el «hedonismo» y la «búsqueda ciega del lujo», promoviendo un modelo de progreso individual enmarcado en la responsabilidad social.
Al respecto, la socióloga Sun Feng, de la Universidad de Tsinghua, señaló al Diario del Pueblo:
“El consumo pasó del nivel de las necesidades al nivel de los símbolos. El abandono de la ostentación implica una redefinición de la idea de estatus y está reformulando las reglas no escritas de la distinción social en la China contemporánea.”
La paradoja del capitalismo chino: entre Cartier y el control estatal
El debate ideológico cobra mayor relevancia al contrastarse con la realidad económica del país. De acuerdo con los registros de Forbes, China continental alberga a 539 multimillonarios (a los que se suman 71 en Hong Kong), mientras que las principales arterias comerciales de Shanghái, Beijing o Shenzhen exhiben las marquesinas de las firmas internacionales de alta gama más exclusivas.
| Indicador Social / Económico | Situación en la China Contemporánea |
| Multimillonarios (China continental) | 539 personas (según Forbes) |
| Multimillonarios (Hong Kong) | 71 personas (según Forbes) |
| Política de Consumo Oficial | Promoción de la austeridad y sanción del xuānfù |
| Modelo Social Promovido | «Prosperidad común» (gōngtóng fùyù) |
Esta convivencia expone una clara paradoja: el Estado chino fomenta la «prosperidad común» y persigue el ostento al tiempo que alberga una de las mayores concentraciones de capital privado del mundo.
A diferencia del paradigma liberal occidental, donde la acumulación y el consumo se interpretan como expresiones de autonomía individual, la matriz china reserva para el Estado el derecho de intervenir sobre las manifestaciones públicas de esa riqueza cuando considera que afectan la cohesión social. Sin buscar la eliminación del mercado ni de la propiedad privada, la contienda de fondo se traslada a la definición misma del éxito: en un país donde el dinero conserva un enorme peso económico, Beijing busca evitar que se convierta en la única medida de las cosas.





