ENCUENTRO BILATERAL MILEI- NETANYAHU: LA INFANCIA BAJO LAS BOMBAS

por | Sep 25, 2026

La única bilateral que mantuvo el Presidente Javier Milei en su viaje a Estados Unidos fue con el Primer Ministro Israelí Benjamín Netanyahu y se produjo después del discurso del israelí, con un recinto abandonado por los diplomáticos de diversos países de la Asamblea General, quedando el auditorio semivacío. Amnistía Internacional y países como Francia e Inglaterra denominaron lo sucedido en la Franja de Gaza como un genocidio. Fue fuerte ver a Javier Milei a los abrazos y llamándolo ¡Hola amigo!, y luego diciendo que Israel representa los valores occidentales, cuando la Franja de Gaza ha sido denominado un campo de concentración a cielo abierto.

A continuación un extracto del relato de Nour Z. Jarada psicóloga de Médicos del Mundo, el día a día y el impacto que provoca en las infancias, la guerra, las dificultades y os recuerdos de niños palestinos que solo han conocido la guerra.

Durante casi tres años, el mundo ha hablado de los niños de Gaza a través de estadísticas: ¿Cuántos han muerto? ¿Cuántos han resultado heridos? ¿Cuántos han sido desplazados? ¿Cuántos han quedado huérfanos? Las cifras son abrumadoras. Según UNICEF, más de 21.000 niños han muerto y 41.000 resultado heridos desde octubre de 2023. Además, se estima que más de un millón de niños necesitan atención de salud mental y apoyo psicosocial. Estas cifras son abrumadoras y deben quedar grabadas en nuestra memoria.

-Javier Milei, en la reunión bilateral del jueves 24 de septiembre, la única en este nuevo viaje a Estados Unidos, entrevistándose con Benjamin Netanyahu, Primer Ministro Israelí.

Sin embargo, más allá de las estadísticas, se desarrolla otra historia. Una historia mucho más compleja de cuantificar. No aparece en las listas de víctimas ni en los paneles de control humanitarios. Esta historia narra cómo la guerra se infiltra gradualmente en la vida cotidiana de un niño y moldea no solo sus experiencias, sino también el lenguaje que utiliza para comprender el mundo.

Como profesional de la salud mental, siempre me ha fascinado la relación entre el lenguaje y el desarrollo. Es a través de las palabras que los niños aprenden sobre el mundo. El lenguaje les ayuda a comprender sus experiencias, expresar sus emociones, construir relaciones e imaginar el futuro. En circunstancias normales, el vocabulario de un niño está lleno de palabras como escuela, patio de recreo, amistad, cumpleaños, vacaciones, sueños y descubrimiento. Estas palabras ayudan a los niños a crecer con un sentido de seguridad, pertenencia y posibilidades.

Hoy en Gaza, muchos niños crecen con un vocabulario muy diferente. Evacuación, corredores humanitarios, distribución de ayuda, hambruna, drones, coordenadas militares, zonas seguras, alto el fuego y la llamada «linea amarilla»: estas son las palabras que ahora forman parte de las conversaciones cotidianas. No son términos que los niños escuchan por casualidad en las noticias. Son palabras arraigadas en su vida diaria, en sus propios recuerdos. Para muchos niños, hablar sobre las órdenes de evacuación, las «zonas designadas» (áreas consideradas «seguras» por el ejército israelí para los civiles, nota del editor) o los momentos antes y después del alto el fuego se ha vuelto tan natural como hablar sobre los horarios escolares o las actividades en el patio de recreo.

«Hoy en Gaza, muchos niños crecen con un vocabulario muy diferente. Evacuación, corredores humanitarios, distribución de ayuda, hambruna, drones, coordenadas militares, zonas seguras, alto el fuego».

NOUR Z. JARADA. PSICÓLOGA GAZATÍ

A lo largo de los años, trabajando junto a equipos de salud mental que apoyan a niños en Gaza, a menudo me ha impactado la forma en que los niños describen el mundo que los rodea. Algunos hablan de coordenadas GPS antes que de geografía, de rutas de evacuación en lugar de viajes en coche, y de distribución de ayuda en vez de la vida escolar cotidiana. Otros pueden identificar el sonido de los drones con asombrosa precisión, mientras que les cuesta recordar un año escolar normal. Sus primeros recuerdos están cada vez más marcados por el movimiento, la incertidumbre, los desplazamientos repetidos y la supervivencia. ¿Cómo no preguntarse qué sucede cuando el lenguaje de la guerra se vuelve más familiar que el de la infancia?

Las consecuencias de esta transformación van mucho más allá del vocabulario. Para un desarrollo saludable, el cerebro de un niño necesita seguridad, estabilidad y previsibilidad. Los niños necesitan rutinas, relaciones, oportunidades para jugar y la certeza de que el mañana será igual que hoy. Cuando estos pilares desaparecen durante periodos prolongados, los niños se adaptan a un mundo dominado por la incertidumbre y la amenaza. Los equipos de salud mental desplegados en Gaza informan de síntomas de ansiedad crónica, trastornos del sueño, hipervigilancia, angustia emocional y dificultad para concentrarse en muchos niños.

Lo que más me preocupa es que el impacto psicológico de la guerra no termina con el anuncio de un alto el fuego. Incluso cuando cesan las hostilidades, los niños siguen sufriendo las consecuencias emocionales y fisiológicas de años vividos anticipando el peligro.

-Niños y niñas aglutinados, esperando una ración de comida en la Franja de Gaza. Por un largo tiempo el primer Ministro Netanyahu cerró el cordón humanitario, impidiendo la llegada de agua y alimentos.

Lo que más conmovió a nuestros equipos fue cómo estos momentos cotidianos se transformaron en extraordinarios. Para incontables niños, estos espacios de bienestar son los únicos lugares donde pueden encontrar juguetes adecuados para su edad, jugar con crayones, dibujar libremente en una hoja de papel, leer cuentos o simplemente participar en actividades diseñadas para ellos. En una realidad marcada por la destrucción, el desplazamiento y el colapso de las rutinas diarias.

«La atención se dirige naturalmente a la reconstrucción de hogares, escuelas, hospitales e infraestructuras. Sin embargo, quizás el mayor desafío reside en otro lugar: reconstruir la infancia»

NOUR Z. JARADA. PERIODISMO EN JAQUE

Durante generaciones, los niños de Gaza han volado cometas (barriletes) desde azoteas, en espacios abiertos y a lo largo de la costa. Una cometa siempre ha simbolizado algo sencillo pero esencial: libertad, imaginación, curiosidad y alegría. Durante la guerra, al escasear los juguetes y desaparecer los espacios recreativos, muchos niños comenzaron a fabricar cometas con retazos de plástico, papel, cuerda y trozos de madera rescatados de los escombros.

A menudo vuelvo al simbolismo de esta imagen: un niño de pie bajo un cielo dominado durante años por drones, aviones de vigilancia y bombardeos, sosteniendo en sus manos una cometa hecha con los restos de la destrucción. En la mayor parte del mundo, la cometa es un símbolo de imaginación y posibilidad. En Gaza, incluso una cometa se ha visto vulnerable a la lógica de la guerra.

Resulta profundamente desgarrador pensar en una infancia confinada a un espacio tan reducido que incluso el juego se convierte en fuente de inseguridad. A medida que los debates se centran cada vez más en la reconstrucción y la sanación, la atención se dirige naturalmente a la reconstrucción de hogares, escuelas, hospitales e infraestructuras. Sin embargo, quizás el mayor desafío reside en otro lugar: reconstruir la infancia misma.

FUENTE : DIARIO LA LIBERACIÓN (FRANCIA)

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