Hacia Viernes Salvajes
Eras un grasa que escuchaba a Los Redondos o un cheto que escuchaba a Soda. Así eran las cosas en Munro cuando llegaron los noventa. Y así elegí el lado redondo de la vida.
Era chico, demasiado ingenuo, pero la música ya era cosa seria.
Al tren ricotero me subí en la estación Un baión para el ojo idiota. Los escuchaba en casete, los gastaba de tanto ponerlos. Debo reconocer que las letras se me escapaban un poco. No sé si les prestaba la atención que merecían. Me gustaban más el sonido, las melodías, los solos y caía rendido ante el encanto de la voz del Indio.
En aquellos primeros años de bautismo redondo creía que Patricio Rey era el Indio. Tuvieron que pasar muchas horas de FM y unas cuantas páginas de revistas de rock para entender que Patricio Rey era otra cosa, algo más grande, superior.
Cada vez que Spotify publica su balance anual descubro, siempre con cierta sorpresa, que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota siguen estando entre los artistas que más escucho. Son parte de la banda sonora de mi vida. Los escuché, los viví, los defendí.
Los ídolos populares siempre me generaron devoción, incluso en sus contradicciones. El Indio no escapaba a esa incomodidad. Eso de ser popular y vivir en Nueva York siempre me hizo ruido. No lo culpo ni lo juzgo. Simplemente me rendí a su música y a su poética.
Tanto fue así que su legado llegó también a mi hermano menor, que vio varias veces a Los Fundamentalistas. Juntos cantamos sus canciones en karaokes familiares, dando vergüenza pero dejando el alma en cada estrofa, como si el mismísimo Carlos Alberto Solari pudiera escucharnos.
Una vez escuché a Dolina decir que los muertos nos miran desde las fotos como si ya supieran que están muertos. A partir de hoy el Indio me va a mirar así. Lo imagino sentado en un sillón, con un vaso de whisky en la mano y un ventanal abierto sobre algún paisaje tandilense. Él, solo. Y nosotros de este lado, mirando ese silencio, tratando de entender el golpe.
Ocurrió nomás. El pogo más grande del mundo se detuvo para siempre.
Gracias por los bellos milagros, Indio.
Salud.





