SE RETIRÓ LIO MESSI DE LA SELECCIÓN: DE LA DINASTÍA CRIOLLA A LA CIMA DEL MUNDO

por | Ago 31, 2026

La historia del fútbol es, como la historia de cualquier otra actividad, un encadenamiento infinito donde lo que es siempre está relacionado con lo que fue.

La historia del fútbol argentino puede, además, pensarse como una dinastía. Es muy claro, apenas desandás un poquito sus páginas, que Messi fue porque antes fue Diego; Diego fue porque antes Di Stéfano; el Charro Moreno; Sastre; Bernabé; Seoane; Alumni. Es decir, una delicada orfebrería atribuible a un Dios futbolero y de esta tierra. Aunque un agnóstico como el que firma evite pensarlo, el fútbol argentino es un bellísimo milagro.

En esa concatenación de maravillas que hacen el milagro, que ya está cerca de los 160 años, Leo Messi es la cúspide. Para quienes nos sentimos profundamente maradonianos es difícil decir lo que sigue: Messi es el más extraordinario futbolista de todos los tiempos. Otro día hablamos de Diego, de ese gigante que nació con aura y que hoy es ícono de la cultura popular.

Diego es Evita, Diego es Lennon, Diego es Alí. Pero Messi, que no vino de fábrica con esa teatral luz seguidora que parecía acompañar a Diego a todas partes, supo construirse. Más de 20 años haciendo(se), superando(se). Más de 20 años en los que viajó desde ser el futbolista que embellecía a esa máquina de jugar al fútbol que fue Barcelona a transformarse en dueño absoluto del juego. Porque Leo es de los poquísimos que logró que sea el fútbol el que responda a sus deseos. El otro fue Diego (espero que sepas entender, lector y lectora, que la cita permanente obedece a que ambos son en paralelo al punto de hacer difícil explicar a uno sin el otro). Leo Messi no juega al fútbol, juega con el fútbol. Lo hace y deshace, lo crea y recrea. Lo eleva, lo vuelve arte.



Como tantas otras cosas, la dimensión de Messi me la enseñó mi viejo. En tiempos en que tantos argentinos necios —que, dicho sea de paso, explican mucho de la Argentina— insistían en la crítica boba, absurda, inverosímil, mi viejo lo defendía a los gritos. Los partidos del Barcelona de Guardilola o Tito Vilanova eran cita obligada para él. Con 91 años, días antes de su muerte, ya casi no reconocía a nadie, pero cuando Leo aparecía en la tele, de lejos, gambeteando con la pelota pegada a la zurda, gritaba “¡¡¡Messi!!!”. Fue su último amor futbolero.

Por lo demás, el problema de no tener más a Messi en la Selección es que verificamos, una vez más, que la vida sigue pasando. Pero claro, lo vivimos, lo acompañamos, nos acompañó. Somos afortunados.

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