VIAJE A LA BUENOS AIRES DE 1810

por | May 25, 2026

Una ciudad destinada al tumulto

Buenos Aires, «ciudad tumultuosa», así la caracterizaba años después de la revolución de mayo, el diario inglés The British Pocket, aunque en 1810 también lo era. Los «buenos vecinos», o aquellos que participaban en las elecciones y las discusiones políticas que se daban en el Cabildo, eran los que vivían, en el casco de la ciudad, y no superaban los 400, 450 vecinos. Toda la zona que hoy se conoce como el bajo, estaba ganada por el Río de la Plata, con la vieja Aduana Taylor, donde hoy se encuentra el Museo Casa Rosada.

La Plaza que se pobló el 22 de Mayo para ver que sucedía con el Virrey Cisneros, era la Plaza de la Victoria, –llamada así por el triunfo en las invasiones Inglesas-. La Casa Rosada no existía, y la calle Talcahuano, era límite de la ciudad, y los laterales eran la calle Corrientes al Norte y la Avenida Independencia al sur; hasta allí vivían los vecinos. Fuera de estos límites era el territorio conocido como «la campaña». Las calles eran de tierra, y cuando llovía, los carruajes generaban un verdadero lodazal, que hacía intransitable. De noche la ciudad se iluminaba con faroles a Kerosene, que encendían los faroleros.

Las familias aristocráticas tenían caserones, que los llamaban, «los Altos». Por Defensa e H. Yrigoyen, se hallaba la casa de 2 plantas, pertenecientes a los «Altos de Escalada». La hija de los Escalada, era Remedios de Escalada, la esposa de José de San Martín. Los «Altos de Elorriaga«, era otro caserón en Monserrat, en la actual Defensa y Alsina.

Bares y comidas

Originario del Alto Perú, en Buenos Aires, como en todo el territorio que después sería la Argentina, se comía locro, plato criollo por excelencia. El maíz era el elemento básico y se preparaba distinto de acuerdo a cada región. Por la calle Defensa se ponían ollas humeantes, para prepararlo y posteriormente venderlo, aunque era un plato de preparación casera. No así, las empanadas que se compraban en los puestos de calle, aunque era más fácil encontrarlas en el norte que en Buenos Aires. La mayoría de los vendedores ambulantes provenían de la campaña, por lo tanto encontrar una empanada caliente, era casi imposible. El postre del piberío, echo de maíz blanco, azúcar molida y leche cruda; la mazamorra se comía a toda hora.

Mazamorra. Postre clásico del piberío de la época.

Cuenta el historiador Daniel Balmaceda, “Durante el martes 22, los integrantes del Cabildo Abierto sesionaron desde las 8 de la mañana hasta las 12 de la noche sin parar. Así que decidieron pedir que les lleven comida. Un fondero llamado Andrés Berdial les llevó bizcochos, botellones de vino y chocolate caliente a las 200 personas que estaban allí«. En lo que parece un símil al Delivery moderno.

Locro, se hacía diferente de acuerdo a la región del país.

En la 9 de Julio y Belgrano, había un gran terreno, donde estaba la Plaza de Toros. Sí por una costumbre española desde el siglo XVII, de la época colonial, había corrida de Toros. En la actual Plaza de Retiro-el más antiguo- estaba el otro gran centro, donde se desarrollaba esta actividad, y que fue cerrado a principios de 1800.

El mejor Licor a 3/4 de real, se podía tomar en el Café de la Victoria, en Bolívar e Hipólito Yrigoyen, donde funcionó uno de los mejores cafés de Buenos Aires. Los ingleses solían ir porque servían buen té, también café y brandy, y el precio era barato. Una copa de vino carlón, también era posible. Tenía una mesa de billar, siempre concurrida, y un patio con aljibe, en verano. El café donde se armaba el debate político, que solían ir «los chisperos», Domingo French, los hermanos Rodríguez Peña, Manuel Moreno y Bernardo de Monteagudo, y que era su dueño Pedro Marcó, era el conocido Café de Marcó. A 100 metros del Cabildo, por la calle Bolívar fue muy concurrido en los años de la Revolución.

Por otra parte las calles de la ciudad no eran lo mejor, cuando llovía el barro las hacía intransitables, la basura y los desechos humanos se tiraban en descampados, porque no existían las cloacas. Por lo tanto se formaban enormes basurales a cielo abierto, si bien había una disposición del Cabildo que prohibía tirar desechos en la vida pública. El agua en Buenos Aires se extraía de los aljibes, aunque esto lo realizaban las familias patricias. La mayoría de los sectores populares no tenían patio con aljibe. De esta manera el aguatero la vendía, era agua de río que tenía que ser filtrada.

Para bañarse el agua debía calentarse es una olla grande al fuego de la cocina que se prendía con leña, y una vez caliente se volaba a bañeras de acero, por ello generalmente se realizaba una higienización rápida con palanganas, en la habitación. Los sectores populares no podían comprar agua todos los días. Por último los restos de comida en la calle hacía que a la ciudad la sobrevolaban caranchos y chimangos.

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